Parroquia de San Pedro Apóstol

Se acerca vuestra liberación

Se acerca vuestra liberación

Se acerca vuestra liberación

Pregón del Adviento

Un día, hace ya mucho, mucho tiempo, tanto años como llevan los hombres y mujeres sobre la tierra, Adán y Eva dijeron que se separa-ban de Dios y le dieron la espalda; empezando a caminar por otros caminos, no por los caminos que él quería y había elegido para ellos y para toda la Humanidad. Pero Dios, en su paciencia infinita, aun-que se entristeció y se quedó ape-nado, prometió visitarles y seguir siendo su amigo. Así es el corazón de Dios: todo amor, lleno de compasión y de misericordia.

Pregon-del-AdvientoA lo largo del tiempo Dios iba re-novando su promesa, su alianza, cada vez que los hombres le daban la espalda y eran infieles a su amistad. Para ello enviaba, al pueblo de Israel, hombres llamados profetas, recordándo-les la promesa y alianza de Dios: “Dios va a ve-nir. Prepárense y conviértanse”. Este mensaje tuvieron que repetirlo muchas veces, ya que su pueblo seguía por caminos paralelos a los de Dios. Pero, un día, llegó un profeta, que fue el último de los profetas antes de la visita del Gran Profeta. Este profeta se llamaba Juan Bautista. Él empezó a gritar: “Ya está cerca, ya viene. Dense prisa, arrepiéntase y caminen a la luz del Señor”. Y así fue. Una noche, que no sabemos muy bien ni el año ni la hora, Dios nos visitó por medio de su Hijo, Jesús, nacido en Belén de una doncella llamada María, y José su esposo, le acompañaba.

Los pastores, las gentes sencillas, buenas y pobres, le reconocieron y se hicieron muy ami-gos de Él, y comenzaron a seguirle y a vivir co-mo Él decía. El gozo y la alegría nacieron en el mundo y para el mundo. Una nueva era comen-zaba, el Salvado, el Rey del Universo había plantado su tienda entre nosotros y había asu-mido nuestra propia carne, haciéndose uno de los nuestros. El gozo y la alegría inundaban los corazones y la tierra entera.

Desde ese momento, cada vez que se acer-ca la Navidad, muchos hombres y mujeres, de todos los rincones de la tierra, razas y culturas, vuelven a ponerse en camino hacia Dios y abren el corazón a su venida, a su encarnación. Porque el Dios que se encarnó en el tiempo, se sigue encarnando, hoy, y ahora, en tu propio corazón, en la historia que nos toca vivir.

Nosotros, cristianos, en este tiempo de Ad-viento queremos escuchar la Palabra de Dios, cantar, alabar, suplicarle y darle gra-cias; porque también queremos disponer-nos a seguir el camino de Jesús, a ser sus amigos. Y sobre todo queremos que Jesús nazca en nuestro corazón.

Adviento, tiempo de espera y esperanza; tiempo de gracia, tiempo de vivir en vela y oración, para poder escuchar a Aquel que viene y llama a mi puerta, a la puerta de mi corazón. Realmente, cuando llame, ¿la en-contrará completamente abierta? ¿Podré ofrecerle un hogar donde se sienta a gusto, como en su propia morada?

¡Ven, Señor Jesús!

CARMEN HERRERO MARTÍNEZ,

Fraternidad Monástica de Jerusalén, TENE-RIFE

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