Parroquia de San Pedro Apóstol

El obispo Aguirre se juega la vida y evita una matanza en Bangassou

El obispo Aguirre se juega la vida y evita una matanza en Bangassou

El obispo Aguirre se juega la vida y evita una matanza en Bangassou

Juan José Aguirre hace de escudo, junto al cardenal Nzapalainga, ante una mezquita en el barrio de Tokoyo donde había refugiadas un millar de personas

El obispo de Bangassou, Juan José Aguirre, está bien y a salvo, pero atrás quedan los días vividos el pasado fin de semana, cuando un grupo formado por centenares de guerrilleros  antibalakas asediaron el barrio de Tokoyo, de mayoría musulmana. Allí, hizo de “escudo”, como él mismo ha reconocido, para evitar el asesinato de más de 500 mujeres y niños que se encontraban refugiados en la mezquita, aunque no pudo evitar que junto a él cayera abatido a tiros el imán. Aguirre ha contado en todo momento con la presencia y el respaldo del cardenal Dieudonné Nzapalainga, llegado desde Bangui, la capital de la República Centroafricana.

Miguel Aguirre, hermano del prelado, ha señalado que el hecho de que el ataque de los antibalakas no fuera a mayores se debe a que “la Virgen de Fátima lo ha acogido bajo su manto”, precisamente en la fecha del 13 de mayo, el día de la mayor presión de los guerrilleros. Miguel señala que la situación se veía empeorar desde hacía unas jornadas. “Hablé con él el jueves por la tarde y ya se respiraba una calma tensa, porque días antes habían estado en una misión, donde atacaron a los cascos azules, al obispo y que dijo que iban para Bangassou”, afirma.

Los antibalakas son unos guerrilleros que quieren expulsar del país a los musulmanes que surgieron en contraposición al movimiento Seleka, un colectivo que agrupa a diversas facciones rebeldes. En medio de esta guerra interna se encuentra Juan José Aguirre y, como explica su hermano, “la Iglesia católica no entiende de etnias ni de religiones” y por eso tanto el obispo de Bangassou como el cardenal han hecho de barrera para contener los ataques a la población musulmana. “Cuando estoy delante de la mezquita nadie tira”, afirma en uno de sus mensajes.

Según las últimas informaciones, Aguirre ha conseguido proteger en estos momentos a un millar de musulmanes, a los que hay que sumar otros 500 que han llegado de otros puntos buscando protección y que ahora están refugiadas entre la Catedral, el Seminario y su propia vivienda. Los mensajes que envía el prelado desde el epicentro del conflicto dan una idea, pese a su concisión, de la gravedad de la situación. “Los musulmanes lo han perdido todo. Esta noche robarán sus comercios, mañana sus casas, otro día sus planchas de zinc”.

No es ésta la primera vez que Juan José Aguirre vive una situación en la que su vida corre peligro. Su hermano Miguel recuerda que a los pocos años de llegar a la República Centroafricana, “hubo un golpe de estado en Bangui y él estaba en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima y unos soldados chadianos le pusieron el fusil en la barriga y juego dispararon una ráfaga en el suelo”. Desde allí, el obispo cordobés lo ve de otra manera e intenta tranquilizar a los suyos, afirmando que duerme bien y que toma su medicación, aunque reconoce que “a mamá no le he dicho nada”.

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