Parroquia de San Pedro Apóstol

Apóstoles…. Para los jóvenes

Apóstoles…. Para los jóvenes

Apóstoles…. Para los jóvenes

En estas semanas que he estado un poco “averiado”, han sido varias las personas que me han preguntado: “¿Cómo es que no te mandan alguien que te sustituya en estos momentos?”. Con algunos hemos comentado cómo en el caso de maestros, profesores u otros funcionarios, lo normal es que una baja de corta duración sea asumida por los compañeros, sin que manden otro profesor o profesional suplente. Lo mismo que mis compañeros de arciprestazgo se han organizado para venir a celebrar las misas y entierros las semanas que yo estaba en el hospital o no podía salir de casa. Pero en este caso seguramente el tema es distinto.

Y lo primero que hay que decir, con agradecimiento, es que tenemos una comunidad parroquial en Pedro Muñoz muy corresponsable, donde muchos seglares han asumido responsabilidades, hasta el punto de que si falta el “pastor”, los “mayorales” siguen cuidando de la parcela del “rebaño” que se les ha encomendado, y al menos por un tiempo todo puede continuar como si no pasara nada. Los distintos grupos parroquiales, así como muchas de las actividades que se desarrollan, tienen sus coordinadores o responsables, que, una vez que se programan esas actividades desde principios de curso, pueden ayudar a catequistas, voluntarios o miembros de sus grupos a continuar con su marcha, sin que suponga un parón en la vida de la parroquia. Sin olvidar la presencia y ayuda de las Religiosas.

Es verdad que sigue siendo necesaria la mirada vigilante y la compañía cercana del pastor; que hoy día muchas cosas se pueden hacer desde casa a través del correo electrónico, las redes sociales, el whatsapp…; y que hay cosas en las que el sacerdote sigue siendo irreemplazable. Pero la asunción de responsabilidades, y la entrega de muchas personas, seglares que ponen a disposición de sus grupos y de la parroquia su tiempo y su saber hacer, es algo no sólo afirmado y querido por la Iglesia del Concilio Vaticano II, sino hecho realidad en algunos lugares, como nuestra parroquia.

Pero volvemos a recordar: Aun en el mejor de los casos, siempre será necesaria la presencia del sacerdote en la comunidad: Para celebrar los sacramentos, para presidir la comunidad en nombre de Cristo Cabeza, para coordinar las actividades, y para ser agente de comunión entre los distintos carismas y sensibilidades dentro de la comunidad.

Y aquí es donde quiero enlazar con una Jornada que tenemos en este mes de marzo, que es el DÍA DEL SEMINARIO. Que cada año suele tener un lema, para resaltar un aspecto del sacerdocio al que se están preparando los chicos que en el Seminario se forman para ser los pastores de las comunidades cristianas. Y que este año, ante la necesidad de que los jóvenes puedan tener la oportunidad de encontrarse con Jesús y en El encontrar el sentido de su existencia, Aquel que les permita orientar sus búsquedas y organizar sus distintas vocaciones por el camino de la felicidad, nos presenta a los sacerdotes como APÓSTOLES PARA LOS JÓVENES.

Pero nosotros tenemos que ir un poco más allá, y volviendo al principio de esta reflexión, recordar que si a mí, por ejemplo, no me han mandado en estas semanas ningún suplente no es, como puede suceder con los profesores u otros funcionarios, por cuestiones económicas, por no contratar ninguna otra persona en este tiempo. Es, sencillamente, porque no hay sacerdotes en paro esperando una plaza como los hay en el campo de la enseñanza o la medicina. Y, entonces, si un sacerdote enferma, o, como es muy previsible, vamos siendo cada vez menos, porque no hay ordenaciones suficientes para reemplazar a quienes se van jubilando o van falleciendo, ¿quién realizará aquellas tareas imprescindibles del sacerdote que mencionábamos más arriba?

No me alargo más. Creo que es suficiente, para que, aprovechando además esta ocasión de mi “baja”, hagamos mucho más hincapié en la oración por las vocaciones, en la vida cristiana dentro de las familias a la espera y la escucha de una Vocación, y en la disponibilidad, para poder decir, en cualquier momento: “¡AQUÍ ESTOY, SEÑOR, MÁNDAME!”

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