Parroquia de San Pedro Apóstol

El acompañamiento personal, espiritual y pastoral

El acompañamiento personal, espiritual y pastoral

El acompañamiento personal, espiritual y pastoral

Comenzamos un nuevo curso. En el campo, se realizaron las tareas de recolección de los frutos: siega de las mieses, vendimia, otras recolecciones… Y sin dar tregua ni descanso a la tierra ni a los brazos, inmediatamente veremos los tractores arar las tierras, las máquinas sembrar las semillas, los agricultores podar las viñas.

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Comienza un nuevo ciclo del tiempo, de la tierra, de la vida. Los primeros fríos nos anuncian que el otoño ya está aquí, y algunos están ya pensando en las festividades de la Navidad. El invierno, el frío, sólo serán preludio de una primavera donde la tierra volverá a florecer y preparar nuevos frutos para alimentar nuestro quehacer, sostener la vida.

Hay quien llegó a pensar que este continuo retorno cíclico del tiempo, la tierra, la vida, llevaría al absurdo, al sinsentido. En la misma Biblia encontramos al Qohelet, el sabio que concluía observando todo eso que la vida era pura vanidad. Más de lo mismo. “Nada nuevo bajo el sol”.

Pero los cristianos creemos que no es así. Aunque volvamos a pasar por los mismos ciclos de vida, el agua del río nunca es la misma, que decía el poeta. Más que un círculo cerrado, una pescadilla que se muerde la cola, o un circuito sin salida, creemos que la historia va avanzando, más o menos lentamente, hacia un destino final, donde nos espera Cristo al lado de Dios nuestro Padre.

Volveremos a celebrar las mismas fiestas. Repetiremos los trabajos de antaño. Las programaciones serán semejantes, con pequeñas modificaciones. Pero nosotros no sólo seremos un año más maduros, habremos aprendido poco o mucho, sino que estaremos un poco más cerca de la meta, de la plenitud a la que se nos llama y que nosotros perseguimos y añoramos.

Pero en el camino no estamos solos. Somos peregrinos que marchamos codo con codo junto a una multitud de compañeros, de hermanos. Nadie va solo, aunque cada uno tenga la responsabilidad de su propio destino. Avanzamos en medio de luchas y dificultades, pero compartiendo también alegrías y esperanzas junto a hombres y mujeres que comparten nuestro camino.

Y tenemos ese Compañero de camino, que marcha siempre por delante de nosotros, que ya ha llegado a la meta, pero que nos prometió que estaría con nosotros “todos los días, hasta el fin del mundo”.

El acompañamiento personal, espiritual y pastoral”, ha titulado nuestro obispo la programación diocesana para este curso. Sí, tendremos unas prioridades u otras, en nuestra vida, en nuestra parroquia, en nuestra familia, en nuestro oficio… Pero necesitamos acompañarnos y sentirnos acompañados para afianzar nuestra esperanza, para ayudarnos mutuamente, para compartir la vida, consolarnos en los momentos difíciles, y agrandar las alegrías, que si no comunicamos a los otros se nos achican en el corazón.

Todos, empezando por los mismos sacerdotes, y luego los jóvenes, las familias, los novios, los matrimonios, las parejas en dificultades, aquellos que pasan por momentos de sufrimiento y situaciones de dolor. Desde el diálogo y el respeto, revestidos de misericordia y compasión. Valorando y respaldando la labor que tantos están ya realizando: los abuelos en las familias, los grupos de matrimonios, la pastoral vocacional, la pastoral familiar, catequistas, voluntarios… Venciendo la comodidad y el egoísmo que nos retrae, agradeciendo el valor de quienes entregan algo de sí mismos en favor de los demás…

Así haremos de nuestro entorno una sociedad solidaria y generosa. Y haremos de nuestra parroquia una Iglesia en salida, que dice el Papa Francisco, y nuestras acciones una pastoral misionera al encuentro de todos los hombres y mujeres de bien.

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